miércoles, 25 de febrero de 2015

La gran pirámide

-Yo creo que deberíamos hacerles ya el seguro de decesos a los niños, cariño
-Qué exagerado eres, pero si son muy jóvenes...
-Ya, yo sé lo que me digo...

Si había algo por lo que serán recordados los faraones del Antiguo Egipto es por la terrible magnificencia de sus mausoleos mortuorios gigantescos. Estamos hablando de las pirámides, obviamente.

Construir una pirámide no es algo que se hiciera en cinco minutos. Ni días. Ni meses. En muchos casos, ni años. Y dado el gigantismo de estas construcciones (no de todas), las más famosas son también de las más grandes, siendo la pirámide de Kheops la más grande de todas y la única de las maravillas de la antigüedad que se tiene en pie.

El caso es que Kheops (que es la versión estilizada en griego de Khufu, el nombre egipcio) se planteó construir la pirámide más grande de todas para ser enterrado (bueno, tal vez la palabra debería ser 'enpiramidado') al morir y permitir que su alma se reuniese con los dioses, como dios que era para su pueblo.

Estos días he leído dos libros de arquitectura en la antigüedad, comenzando con los megalitos prehistóricos y no tan prehistóricos y pasando por la antigüedad egipcia y grecorromana. Fascinante. Por alguna extraña razón, tremendas construcciones como esas se me han asemejado mucho a los proyectos informáticos.

Y aquí no hablo que sea por el hecho de que, por ejemplo, no está muy claro el mecanismo que siguieron para construir la gran pirámide y colocar en entre 15 y 20 años 2 millones y medio de bloques de granito con los medios que tenían entonces...Sino por todos esos otros proyectos que no salieron bien a la primera... O que simplemente se abandonaron.

Además de la pirámide de Kheops, existen una serie de pirámides inacabadas o mal hechas. Por ejemplo, hablaríamos de la pirámide 'doblada' de Dahshur, que es una que comenzaron con una determinada inclinación y en mitad del proyecto la cambiaron, no se sabe muy bien por qué aunque se estima que fue por una cuestión de integridad estructural...
- A este paso y con esta inclinación, 2 años más fijo...
- Pues yo he quedado para ir al camelódromo a apostar...
- El faraón me va a matar...
- Sí, te va a dejar fina la integridad estructural...

O bien la pirámide inacabada de Zawyet el'Aryan, donde sólo hicieron las excavaciones en la roca, las escaleras y paredes y no pusieron ni un bloque para construir la pirámide...
- Dentro de unos milenios se preguntarán por qué no construimos una pirámide aquí
- Pues hasta que deduzcan que era un aparcamiento de cuádrigas...
- Ya te digo...

El caso es que, al igual que las pirámides, a veces se hacen proyectos faraónicos (ésta era fácil) que cuestan cantidades ingentes de dinero y de esfuerzo de mano de obra para dejarlos inacabados o no usados.

Por ejemplo, plantearte instalar SAP en dos años, que la instalación dure tres y que finalmente lo tires para ponerte Navision es un claro ejemplo de pirámide inacabada, con todo su coste asociado y que esperas que la arena cubra para no tener que verla y recordarte la factura... Pero bueno, si el faraón de turno lo paga no hay opción a queja...

O en cuestiones más de BI, invertir en herramientas para tener un data warehouse como mandan los cánones con su sistema de reporting y de cuadro de mandos estupendo y acabar tirándolo para utilizar un self service BI como herramienta táctica basada en Excels...

Lo que realmente sorprende, en el caso de esas pirámides que sí han acabado, es que con tan rudimentarias herramientas tuviesen una gestión tan espectacular que permitiese que varios egiptólogos y no egiptólogos se rompan la cabeza (y escriban libros que luego acaba leyendo incluso un servidor) preguntándose cómo fueron capaces de hacerlo.

Es exactamente lo mismo que yo siento cuando:
- ¿Sabes que empresa_de_consultoría_grande_que_te_pasas ha hecho una implantación exitosa con más de 1000 usuarios?
- De verdad que no entiendo cómo han sido capaces de hacerlo...

Lo que tengo claro es que si algún día me pudiese permitir una construcción así para que mi cadáver pase a la posteridad, no me plantearía una pirámide... Sino un cubo... Obviamente :-P

Walk like an Egyptian!

viernes, 20 de febrero de 2015

Yo una vez instalé una impresora

Hoy quiero presentaros a Héctor Pablos. Saluda, Héctor.
-Hola

Héctor tenía un sueño: soñaba con un mañana en que existiera la oficina 100% sin papel. Estuvo a punto de conseguirlo pero un fortuito encontronazo con la realidad del sin papel en el WC le hizo cambiar de opinión acerca de la idoneidad de la desaparición del papel en su oficina y su ferviente entusiasmo al respecto disminuyó.
-Cariño, ¿qué te ha pasado en los calzoncillos?
-No preguntes, Elena...

Héctor Pablos vivía con Elena Pérez-Sáinz Olmedo de Nos, una chica con la que siempre se había llevado mal pero que siempre parecía haber hecho las cosas mejor... Al menos en lo que a su idea del paperless se refería. Y ya se sabe eso de que los polos opuestos sr atraen.

Todo comenzó a mediados de los 90, cuando instalar una impresora era tan fácil o difícil como enchufar el cable paralelo al ordenador. Eso sí, la calidad de impresión era tan cuestionable como los 'descuentos' del día sin IVA de los que no son tontos...

Luego comenzaron a aparecer impresoras más complejas, conectadas por USB con discos de drivers que había que instalar y durante un tiempo las impresoras funcionaron bien... Siempre que el ordenador encontrase la impresora...

El auge del wireless y del portátil provocó la aparición de las impresoras inalámbricas, complicando las instalaciones con puertos virtuales, ips dinámicas y mogollón de nuevas circunstancias que añadir a las habituales de la cola de impresión. ¿A que sí, Héctor?
-Ya te digo...

Héctor, antes de comulgar con el paperless, se dedicaba precisamente a la venta e instalación de impresoras hasta que una noche estando de viaje recibió una llamada...
-Cariño, soy yo
-¿Qué tal?
-Necesito imprimir un trabajo para el niño y su ordenador no va. ¿Puedo imprimir desde mi portátil?
-Claro
-¿Y dónde está la impresora?
-Dale a instalar impresora en red y que la busque
-Vale
(10 minutos más tarde)
-No la ha encontrado
-Vaya
-¿Qué hago?
-Bueno, coge los drivers del cd de la impresora y los instalas
-Es que mi portátil es un ultrabook... Sin dvd... ¿Recuerdas?
-Miércoles... Es verdad. Pues explora la red y debería salir la impresora y si haces doble click te instalará los drivers sola.
-Vale
(Otros 10 minutos más tarde)
-Ya la tengo instalada
-Genial, ¿ya puedes imprimir?
-No, sólo puedo escanear...
-...
-...
-Vale... Ve a la página del fabricante y te bajas los drivers y...
-¡Eh, eh! Que el informático eres tú...

Lo que sigue es un compendio de insultos y palabras malsonantes que le provocaron dos caries a Héctor porque su dentífrico era sólo antisarro acordándose del fabricante de la impresora.
Por suerte, pudo conectarse desde el hotel al ordenador de su mujer e instalar exitosamente (aunque no sin esfuerzo) la impresora de su casa a cientos de kilómetros de distancia.
Desde ese día, Héctor se hizo adorador del paperless... Hasta lo del WC del principio que os contaba...

Esta pequeña historia (con algo de realidad) no deja de ser una crítica al mercado impresoril. ¿Por qué no existe un genérico impresoril v2015 ya incorporado de serie en el sistema operativo? ¿Por qué con bluetooth puedo conectar mi móvil con mi coche y pasarle ficheros a la inyección del motor pero sufro para imprimir en algo supuestamente compatible? ¿Cómo es que, ya con varios años de wifi a cuestas, no se ha avanzado más en las impresoras en red, específicamente en su instalación? ¿Ser capaz de instalar una impresora a la primera desgrava? Y no quiero hablar de la tinta, no me tiréis de la lengua...

Y mientras tanto, bajándome del AVE en Atocha me paseo (mucho) por pasillos camino del metro en que la empresa de Héctor Pérez me hace un megadescuento con un outsourcing de impresión a la vez que me enseña las maravillas de su último tablet profesional... Es como ir a comprarte un Mercedes y que le quieran poner asiento de bolas (a tu costa, claro).

En fin, menos mal que no tengo que imprimir habitualmente...
Venga, nos despedimos por hoy. Despídete, Héctor.
-Adiós

Qué majo que es... Mucho cuidado ahí fuera.