martes, 22 de mayo de 2012

¿Empresa o club?

Los señores de la imagen que acompaña este artículo corresponden a la idea que solemos tener cuando alguien nos habla de un club de caballeros donde se reúne un grupo pintoresco de profesionales liberales (abogados y dueños de empresa fundamentalmente). Personalmente, yo suelo pensar en el club 'La Herencia' de la película 'entre pillos anda el juego', que no es tan diferente a la foto en realidad.

¿Por qué hablar de clubs? Mi mujer suele decirme que yo no trabajo en una empresa, que en lugar de eso soy socio de un club. La verdad es que la idea de ser socio de una empresa y trabajar en un club me suscita más encanto que al revés, pero la realidad es la que es.
Esto lo dice porque hay un buen clima de trabajo y porque en el fondo me gusta lo que hago (y a un buen porcentaje de la empresa también le gusta... No lo que hago, sino lo que hacen... Ehm... En fin, ya me entendéis) y acabo dedicándole algo bastante mucho más tiempo del estrictamente necesario. Puestos a elegir, siempre es mejor estar en un entorno en el que hay confianza y se pueden decir cosas y proponer otras que estar a malas y deseando marcharte a pastos más fértiles.

El negocio de la consultoría es complejo y tiende a ser duro, intenso, exigente. Se agradece estar en una empresa en la que no eres (sólo) un número pero... ¿Qué se debería esperar de una empresa de consultoría?

Hay un principio que es el de proporcionalidad: tanto haces, tanto vales, tanto ganas, tantos marrones te comes... ¿Debemos esperar de una empresa el 100% de lo que le damos? ¿El 50%? ¿El 150%? ¿Conformarnos con cobrar a fin de mes? La empresa siempre va a dar menos de lo que recibe de su personal (si diera más, entraría en quiebra) y siempre, al final, se traduce todo en dinero. No obstante, en casi cualquier empresa hay un porcentaje de personal comprometido que dan más de lo que reciben (normalmente) y una parte de personal que está en esa empresa igual que si estuviera en otra y que compensa al primer colectivo.

¿De qué manera se puede maximizar ese porcentaje de personal comprometido en una empresa del ramo de la consultoría? ¿Con información? ¿Con dinero? ¿Con una buena selección de personal? ¿Qué transforma una empresa en un club? ¿El ambiente? ¿El compromiso? ¿La casualidad? ¿Podría una empresa soportar que el 100% del personal estuviese comprometido o realmente se necesita un núcleo duro infalible con otro núcleo algo más blando?

Hay muchas dudas en todo esto y mi visión siempre es muy personal. ¿Qué opináis vosotros?

sábado, 19 de mayo de 2012

¿3G? Un poco menos...

Aprovechando que acabo de sacarle el polvo a mi máquina-del-tiempo-de-bolsillo-marca-Acme voy a hacer un viaje al pasado.
Estamos en 1996, la peseta existe, las olimpiadas se han acabado (las de Atlanta, no las de Barcelona), también hay crisis y un servidor tiene un 486 con 4 MB de RAM, que en aquel momento estaba a punto de dar paso a los Pentium.

Suelo recordar con cierta melancolía aquella época en que mis complicaciones informáticas eran otras: conseguir instalar un Linux RedHat sin que mi tarjeta de vídeo Matrox Millennium chachiguay (esto no es parte del modelo) me diese problemas con el driver, hacer lo propio con el executor para hacer las prácticas en entorno Mac, grabar y regrabar diskettes de 1'44MB porque las estampadoras de CDs (grabadoras no había casi y regrabadoras ni os cuento) no estaban disponibles (con el dolor mayúsculo cuando comenzaba a rascar con ese grn-grn-grn-grn de advertencia de que la pista estaba defectuosa), ver el surgir de la unidad ZIP de Iomega y del desastre de la LS-120 (servidor, como no podía ser de otra manera, tenía la segunda) y pasar el tiempo jugando con juegos que le marcan a uno como el Ultima VII, el Raptor, el Test Drive 3...

Lo que suele pasar es que después ves, con el paso del tiempo, que aquello estaba bien para la época y que hoy en día lo tienes que ver en perspectiva... O en el mundo móvil (aunque cada vez menos comparativamente hablando). Por lo tanto, como cuando ves una película que de pequeño te había marcado, es mejor el recuerdo que la realidad.

Lo malo es cuando el recuerdo se convierte en tu realidad actual.

2012, odisea dos y medio. Por motivos de trabajo he pasado casi todo el mes conectándome a internet desde mi portátil con mi Blackberry. Eso no es un problema... Hasta que te acabas el saldo de datos y la velocidad te devuelve a 1996. El verdadero cambio en aquella época fue el que un servidor tuviese conexión a internet para poder conectarse a la pasmosa velocidad de 56kbits por segundo (un máximo de 8KB por segundo de descarga). Y nos parecía rápido en aquel entonces...

Pero claro, hoy en día todo está dimensionado para las velocidades actuales: páginas que ocupan megas, animaciones flash también de varios megas, correos que se envían alegremente con adjuntos gigantes...

- Qué lento va esto hoy...
- Sí, parece que has consumido el saldo de datos...
- Vaya, pues solo me estoy bajando el correo
- ¿Y cuánto dices que ocupa?
- Unos 12 megas...
- ¿Un Café?
- Of course
(Espacio no patrocinado pero para el café)
- Uff, aún no ha acabado
- ¿Pero qué te han enviado?
- Pfff, seguro que alguna presentación o publicidad de algo...
(Otro rato sin patrocinar y alguna llamada que corta la conexión)
- Anda, ya ha acabado.
- ¿Y qué era?
- A ver, déjame mirar...

Pues lo que descubrí era que 6 ó 7 mails con historia, imágenes de firma, etc. ocupaban en torno a un mega cada mail... Con todo un historial que aportaba lo que aportaba. Esto te hace pensar que más allá del spam y de los mails de publicidad usamos mal el correo electrónico... Y que una pequeña dieta en tu conexión te hace consciente de esto... Hasta que vuelves al McDonalds de la banda ancha.

Pero claro, sin banda ancha, este blog lo iba a redactar online quien yo os diga...

viernes, 18 de mayo de 2012

¿Se acabaron los secretos?

Hoy voy a escribir un artículo totalmente al revés de lo que lo hago habitualmente. Comenzaré con las preguntas. ¿Cuántos de vosotros tenéis un password sólido para proteger vuestros correos, cuentas bancarias y demás? ¿Cuántos de vosotros usáis el mismo password para todo? ¿A cuántos os han hackeado la conexión wifi? ¿Cuántos habéis hackeado una conexión wifi (aquí repartimos para todos...)?

Efectivamente, hay una pequeña histeria con todo lo que representa seguridad en internet: usuarios, passwords, logs, conexiones... Se tiende a pensar que todo deja una traza y que esas trazas son rastreables, de manera que es casi más fácil que te encuentres a la policía en tu casa porque has intentado traficar por internet que si se te ocurre atracar un banco (y no te pillan en el acto, claro).

Ser un hacker es algo guay, que mola mucho y que Lisbeth Salander se ha encargado de poner de moda y darle glamour (sueco, pero glamour). Pero como suele pasar, la realidad siempre es mucho más complicada que la ficción y los hackers suelen ser más parecidos a su amigo Plaga y al repelente niño Vicente que a antihéroes de fantasía.

Hoy en día, en 2012, es dos años más tarde de la fecha en que basaba Introversion su juego Uplink. Este juego del 2001 nos pone en el papel de un hacker del 2010 que tiene diferentes misiones y diferentes maneras de llevarlas a cabo... Pero normalmente se tiende hacia el lado oscuro: borrar datos, robarlos, hacer transferencias bancarias ilícitas, condenar a alguien en la base de datos criminal, etc. Personalmente os recomiendo que lo probéis para que podáis comprobar lo sencillo que resulta en el juego comparado con la realidad, a pesar de la evidente diferencia que hay entre lo que expone el desarrollador como Internet en 2010 y la realidad actual.

Pues bien, Uplink basa muchas de sus premisas y su mitología en una película que se llama 'Los Fisgones' y eso es algo que salta a la vista en cuanto has visto la película y juegas un poco.
El caso es que en el film la infomática y el hackismo ilustrado es aún más fácil que en el juego (aunque hay que reconocer que en algunos puntos aplica bastante más sentido común) pero ambos, de todas maneras, quedan demasiado lejos de la dificultad que entraña hoy en día atravesar un sistema de seguridad bien protegido y bien pensado.

Como siempre, es el sentido común y una buena política, sin llegar a excesos, lo que puede hacer suficientemente sólidos nuestros sistemas. Tan simple como dos cosas:
- Tener passwords diferentes con mayúsculas, minúsculas y números
- Contar con suficiente memoria para acordarse de todos ellos

Porque, lamentablemente, muchas veces el programa que utilizamos para guardar el password más seguro del mundo... No tiene password... Y eso cuando no es un fichero txt en el escritorio...

Mucho cuidadito ahí fuera.

lunes, 14 de mayo de 2012

Pero si esto antes funcionaba...

Cuando en sueños se me aparece el dios de la informática y me sermonea en inglés con un 'The simpler the better, the simpler the better... ¡UuuuUuuUuhh!' seguramente se equivoca de número porque un servidor no tiene ni demasiada voz ni demasiado voto para que las aplicaciones de los fabricantes funcionen mejor o peor más allá de participar en los programas Beta o de reportar los errores y bugs que se van produciendo y que a veces claman al cielo.

Pero el dios de la informática tiene razón. Las aplicaciones deberían ser más simples y muchas veces funcionar mejor de lo que lo hacen. Últimamente he estado reportando al soporte de Arcplan una media de tres incidencias a la semana por cosas que no funcionaban bien (obviamente). Debo reconocer que el servicio de soporte de Arcplan es bueno, pero me da la sensación de que a veces se quiere correr demasiado en sacar versiones o bien que no están suficientemente probadas (y eso que hablamos de un desarrollador alemán...). El caso es que de esas tres incidencias semanales, por lo menos una es de esas que llamaremos, en una palabra, cosas-que-antes-funcionaban-y-que-ahora-dejan-de-hacerlo-vaya-usted-a-saber-por-qué.

La verdad es que migrar a una versión superior de cualquier aplicación es algo que cada vez me presenta más incógnitas, especialmente si la versión actual funciona adecuadamente. Una migración con un bug de funcionalidad simple nos coloca ante un problema grande, porque normalmente no se puede resolver con un workaround y dependemos de que el fabricante desarrolle un parche (muchas veces ex profeso y en pocos días) que hace bueno aquel dicho de 'arreglar una cosa y romper dos'. Y eso si se dispone del parche, porque hay fabricantes que ya lo sacarán... ¿Y mientras tanto?

Lo peor, como siempre, es la cara de idiota, porque no tiene otro nombre, que se le queda a uno cuando se da cuenta de que algo simple deja de funcionar como lo hacía antes. Bueno, no, no es eso lo peor. Lo peor será cuando, con tu cara de idiota, el cliente te pregunta qué es lo que pasa y tratas de justificar políticamente lo injustificable en un intento de evitar que, tal vez,  se vaya a elegir a otro para hacer el trabajo... O a otra herramienta tal vez más adecuada.

Qué complicado que es todo a veces...

viernes, 11 de mayo de 2012

Podría ser peor...

Hace unos cuantos años, cuando yo iba a la universidad, había cierta rivalidad (sana, entiéndase) entre las dos carreras de informática técnica: sistemas y gestión. Básicamente los de sistemas acostumbrábamos a decirles a los de gestión que los informáticos buenos éramos nosotros y ellos hacían lo propio.

Curiosamente, dedicándome a temas de gestión de información y nada de electrónica, me hubiera sido mejor plantearme estudiar informática de gestión en lugar de informática de sistemas. De todas maneras, por todos es bien sabido mi opinión al respecto de la formación universitaria, pero bueno...

El caso es que entre las muchas cosas que hacíamos víctimas de nuestra rivalidad, se nos ocurrió hacer un listado de los trabajos peor vistos por los informáticos (era ese momento en que no conoces el mercado laboral...) y debo reconocer, desde la experiencia, que mi opinión continúa siendo la misma:

En tercera plaza de nuestro ránking, en tres colores y muchos cruces... ¡El programador de semáforos!
Hablamos de esa persona que es capaz de hacernos salir como balas de un semáforo para quedarnos parados en el siguiente 50 metros más adelante, que nos hace esperar mientras pasan fantasmas de abuelitas en un twingo a las 3 de la madrugada y que es capaz de poner en rojo el semáforo un segundo después de ponerse en ámbar. Sí señor, todo un clásico.

En segunda plaza de nuestro ránking, que ni sube ni baja... ¡El programador de ascensores!
No podía ser de otra manera... Cuánto tiempo perdido esperando que apareciese uno de los 5 ó 6 ascensores de un edificio mientras miramos con desesperación los números de los pisos... Pero míralo, si está parado en el segundo... ¿Es que no va a bajar? ¿Por qué se espera a que baje el del sexto? ¿Quién está disfrutando con todo esto? Vaya que sí, ya lo creo...

Y en primer lugar y no podría ser de otra manera... ¡El consultor!
Efectivamente, el que vale vale y el que no, para consultor. La verdad es que teníamos una impresión mala de lo que era ser consultor... Una especie de especialista especializado pero que no era un 'informático puro' porque no lo valía. Y mira cómo hemos acabado... Intentando explicar una y otra vez a la gente a qué nos dedicamos para que lo acaben resumiendo con un 'ah, que eres informático'.

Pero bueno, seguro que tanto el programador de ascensores como el de semáforos disfrutan (a su manera) con su trabajo... Al igual que los consultores lo hacemos con el nuestro... Aunque sea por el kit del consultor... Ya sabéis a qué me refiero.