miércoles, 13 de julio de 2011

Curso básico de informática profesional

Por todos vosotros, estimados lectores de mi blog, es bien sabido mi opinión al respecto de la formación universitaria estándar en los ámbitos de la informática en cuanto a que lo que se enseña/muestra/aprende en la universidad no tiene nada que ver con lo que uno se encuentra en la vida profesional.

Luego estaría el tema de si una determinada persona es más hábil para sacarse las castañas del fuego o no, pero la realidad es la que es.

Fijáos la utilidad de algunos títulos universitarios que la Generalitat ha sacado la acreditación Actic que sirve de auténtica credencial para el ingeniero agrónomo que se dedica a la informática o para aquel que en su día no pudo ir a la universidad pero domina lo suficiente.

No nos engañemos: la mayoría de las actividades que realiza un informático no se aprenden en la universidad, hablemos de hardware o de software, de parametrización de herramientas o programación en capas y muchas de estas cosas se aprenden en algo que falta en muchas empresas.

Hablamos del curso básico de informática profesional, que en el caso del BI es de un par de semanas que sustituyen/complementan lo explicado en la universidad y que sirven para concentrar conocimientos básicos como los modelos en estrella, la utilización de índices o las bases datos multidimensionales.

Desafortunadamente para el ingeniero recién titulado, no existe un manual con Megatorpe (el genial usaurio de Forges) para aprender estas cuatro cosillas y deben entrar en una rueda que, sin el mentor apropiado, puede atropellarles.

Josh Brolin le decía a Shia LaBeouf en Wall Street 2 que todo hombre debe tener un mentor y un protegido en algún momento.

Ha habido un mentor en vuestras vidas? Habéis sido mentor de alguien? Os hubiera gustado participar en ese curso básico maravilloso que os habría sacado de algún aprieto o sois de la generación que todo lo ha encontrado en Google?

martes, 12 de julio de 2011

¿A quién vas a llamar?

El tema principal de la primera película de los cazafantasmas fue un éxito en la música de los 80 y nos dejó un estribillo muy recordado:

- ¿A quién vas a llamar?
- ¡A los cazafantasmas!

Esto es algo que se valora mucho dentro de los ámbitos técnicos: el tener a alguien o el teléfono de alguien al que puedes llamar para preguntarle algo (generalmente una duda técnica de una determinada dificultad) y que generalmente es capaz de resolverla. Es importante este último dato porque si al que llamas no es efectivo no sueles llamarle más veces. ¿Y entonces qué haces? Como también decían en los cazafantasmas pero en su secuela:

- ¿A quién vas a llamar?
- ¡A la Masa!

No me creo yo que Hulk esté capacitado para resolver temas técnicos más allá de comprobar las durezas de ciertos materiales o la capacidad de vuelo de algunos objetos, pero hay algunas 'Masas' técnicas por este mundo al que suelen llamar con cierta frecuencia para resolver de forma efectiva esos temas técnicos que a veces a uno se les escapan. ¿Hablaríamos tal vez de los Homos Informaticus que en su día debatimos? Seguro que a todos nos viene a la cabeza alguien a quien hacemos preguntas cuando las cosas no nos funcionan o más de uno que nos pregunta.

El caso es, ¿qué pasa el día que una Masa de éstas tiene una duda? ¿A quién recurre? No puedo dejar de lado mi status de 'eminencia' en ciertos ámbitos tecnológicos. No es que me eche flores, es que me preguntan un montón... Pero también uno tiene dudas de cuando en cuando y entonces recurre a...

- ¿A quién vas a llamar?
- ¡A Google!

Efectivamente, Google es la ultimísima fuente de información técnica con sus foros y preguntas técnicas, con gente que debate, prueba y acaba encontrando (o no) una solución pero que muchas veces le dan a uno la impresión de que no es 'La Masa' sino más bien una de sus multicolores reencarnaciones.

 Y como decía la canción y adaptándolo a los tiempos técnicos modernos, 'Yo soy la Masa Roja, yo soy la Masa Azul, yo soy la Masa Verde, ¿qué masa eres tú?'

lunes, 4 de julio de 2011

Teletrabajo en consultoría (I)

Desde luego la persona que aparece en la foto que adorna esta entrada tiene unas excelentes vistas (bastantes mejores que el fondo de pantalla estándar de los Teletubbies de Windows).
¿Cuántos de vosotros teletrabajáis?

La comodidad de trabajar desde casa (o desde el jardín/playa/patio/parque que uno prefiera) es incuestionable. No llevas corbata, seguramente tienes que madrugar menos, sueles trabajar más tranquilamente y comes en casa (esto último siendo bueno o malo dependiendo de las habilidades culinarias disponibles y del estado de la nevera). Esta parte del teletrabajo es la que mola.

El caso es que aquí faltaría una palabra: También.

Sí, sí... También.

¿Y por qué también? Porque el teletrabajo es una manera de llevarte trabajo a casa (obviamente) cuando no te da tiempo a acabar lo que deberías (o no deberías pero alguien quiere que esté listo) en el cliente o en tu oficina.

Cuando yo comenzaba  (y en muchos casos ahora también pasa), cuando salías del cliente (a la hora que fuera) no te llevabas nada. Habías plegado y no existía la remota posibilidad de que tuvieras que hacer trabajo en casa o conectarte para hacer algo.
Hoy siempre cargas con el portátil y cuando sales de un cliente siempre existe la posibilidad de lanzar/revisar/comprobar/desarrollar algo... Desde el tren o desde tu casa mientras cenas. Ésa es la parte del teletrabajo que no mola tanto.

En un modelo de reducción de costes como el actual, el teletrabajo es una buena alternativa para las empresas: no tienes que tener espacio ni infraestructuras para los N consultores que te desarrollan proyectos. Que los hagan desde su oficina.

Y claro, pasa entonces lo contrario: oficinas que estaban diseñadas y pensadas para tener gente en cliente comienzan a encontrarse con desarrollos in-house debiendo adaptarse a estas necesidades de espacio e infraestructura. Y si no se puede o no se quiere o realmente lo que importa es el resultado final, se ofrece entonces la verdadera opción de hacer teletrabajo.

La empresa, no obstante, siempre tiene miedo de que la gente que tiene teletrabajando (tanto la empresa final como la consultora) esté realmente trabajando y no haciendo gimnasia genital. En ese sentido se desarrollan ciertas aplicaciones que permiten comprobar que alguien 'está conectado y haciendo algo'. El gran hermano en esos casos nos vigila.

Por lo tanto, el teletrabajo no será verdaderamente una opción mientras no seamos capaz de cambiar el formato 'horario' de nuestro trabajo al formato por objetivos independientemente de la geolocalización de la persona que debe realizarlo.

Hablaremos más de ello pero, ¿estaríais dispuestos a teletrabajar todos los días o realmente necesitáis acudir de cuando en cuando a la oficina?