jueves, 23 de septiembre de 2010

Tests de Belbin

En estos tiempos de cierta crisis (no es que la esté menospreciando, me refiero a que es absolutamente cierto que la hay) se oye hablar de muchos casos de empresas de consultoría que o bien cierran o bien tienen una reducción importante de su plantilla, lo que genera que haya un volumen importante de personal dispuesto a meterse donde sea y dependiendo de sus andanzas anteriores hay muy diversos y muy pintorescos personajes pululando en infojobs.

Por suerte (para mí y para otros) la cosa no nos va tan mal y vamos a acabar el año con un incremento de personal bastante importante respecto a como lo acabamos el año pasado. Aparte de los temas de planificación de tesorería y de la alegría generalizada por este hecho, se ha tenido que trabajar muy duro y realizar muchas muchas entrevistas.

El hecho de entrevistar a una persona es un arte en sí mismo: descubrir si miente, si será conflictivo, si realmente sabe lo que dice que sabe (que no que sepa lo que dice), etc. Vamos, que no es algo que sea absolutamente trivial y depende del entrevistador muchas veces el que una persona resulte bien en un equipo de trabajo.

Hace unos años estaba muy de moda hacer psicotécnicos a los candidatos para detectar las carencias y potencias de cada persona. Después se puso de moda la inteligencia emocional para detectar cómo se comportaba el personal. Últimamente hay mucho instinto en todo esto y se busca a una persona más empática para detectar un patrón común en el tipo de personal que se entrevista. El caso es que al final se acaba contratando a alguien y aunque técnicamente sea muy bueno, no casa con el resto del personal, lo que genera muchas situaciones complicadas de llevar:

- Jefeeeeee, que Pepe me ha dicho que soy imbéeeeecil
- Hala, hala, ya pasó, ya pasó
- Pero es que el cliente dice que hace mejor los informes que yooooo y que no me enterooooo
- No, si al final el imbécil va a ser el de siempre...

Uno de los tests que más gracia me ha hecho siempre es el test de Belbin. La doctora Meredith Belbin nos cataloga en 9 roles en tres categorías diferentes (acción, social y mental) que indica cómo funcionamos en equipo. Y aunque nuestro proceso de selección sea terriblemente penoso y contratemos al peor de los psicópatas, una buena definición de su rol de trabajo puede sacar de él lo mejor en conjunción con otros perfiles complementarios.

Así que, como buen impulsor, os recomiendo la lectura Tests de Belbin

miércoles, 22 de septiembre de 2010

En el cercanías

Comentaba el otro día la versatilidad que tenía el AVE para trabajar y la comodidad del mismo al respecto (en lo que a asiento se refiere y a cobertura telefónica).
Como yo no puedo estar conforme totalmente con la Renfe, hoy toca hablar de la cruz menos elitista del transporte ferroviario: el cercanías (que puede o no tener apellidos como 'de las narices' u otros de más calado).

Trabajar en el cercanías es algo que antes se hacía mucho más. Cuando comencé a trabajar en Barcelona veías bastante gente con portátiles trabajando con cierta comodidad (yo entre ellos). Los tiempos cambian y lo habitual es que no puedas trabajar debido a la incomodidad de tener que estar en postura casi fetal, aguantando el maletín del portátil como puedes y metiéndole la esquina de la pantalla en el ojo al pobre que tengas delante, que suele mirarte con cara de 'como me dé por estornudar me voy a comer medio portátil', cosa que no querríamos por la pérdida del trabajo realizado, claro.

Independientemente del muy (¡MUY!) mejorable tema ergonómico y de masificación de estos trenes, a veces circulas en horas con cierto espacio que permite que trabajes más o menos cómodo (nada que ver, no obstante, con el AVE). Si no tienes que estar conectado no hay problema... Pero como te dé por usar el pinganillo te encuentras con la desagradable circunstancia de que la cobertura de cercanías es bastante bastante (¡BASTANTE!) escasa.

Viviendo en el Penedés y utilizando la línea de la costa, encontramos muchos puntos donde la cobertura es nula (y esto aplica también a los teléfonos, no necesariamente a las conexiones de datos):
- Entre Cunit y Cubelles
- Entre Cubelles y Vilanova
- Entre Vilanova y Sitges
- Entre Sitges y Castelldefels
- El cambio de repetidor extraño que hay en Viladecans que corta todas las llamadas
- La increíble falta de cobertura desde que entras hasta que sales de la estación del Prat
- La entrada de la estación de Sants

En algunos casos hablamos de un minuto de falta de cobertura y en otros de unos cuantos. Al final, si el desplazamiento dura una hora, la cobertura dura menos de media.

De todo esto saco la conclusión de que Renfe, en su tremenda bondad, quiere evitar que los pobres que cogemos el cercanías tengamos que trabajar y aprovechemos el viaje para otros temas más lúdico-festivos como la aventura de no pagar el billete de unos cuantos o la de entrenar nuestro equilibrio alegremente.

viernes, 17 de septiembre de 2010

El powerpoint lo aguanta todo

Está claro que cuando planeas un proyecto tecnológico y comienzas a presentar tus opciones para ganarlo haces precisamente eso: presentar.
Y qué mejor para presentar que dedicarte a hacer una presentación con PowerPoint.
Y después de usar tanto el verbo presentar en sus múltiples derivaciones, se suele llegar a la conclusión de que, en la mayoría de los casos, el PowerPoint lo aguanta todo y el resultado del proyecto no es tan ideal como se plantea.

Aquí uno se pregunta: ¿he hecho mal la planificación? ¿Mi solución técnica es incorrecta? ¿O lo que está mal es mi presentación?

Los que me conocen (y los que leéis mi blog) os habréis percatado de que no soy en absoluto ortodoxo con algunas cosas y entre ellas están las presentaciones. Tras haber asistido a multitud de eventos uno se da cuenta de que las presentaciones son aburridas. Es más, algunas es para amenazar con llamar a la policía.

Y en virtud de ese terrible aburrimiento un día monté la presentación de 'Cuadros de Mando y Mandos Cuadrados', que no deja de ser una presentación pero con un tono bromista mucho más ameno. Y ha sido la única presentación en que me han aplaudido al final y me han felicitado al marcharme (pases a las 8 y a las 10 para grupos reducidos previo ingreso en mi cuenta).

Hoy me han recomendado el blog de Gonzalo Álvarez (www.elartedepresentar.com) y tras leerlo me he dado cuenta de que es un blog muy interesante que seguía sin darme cuenta. Es una lástima que no haya más gente que se anime a hacer presentaciones amenas (de servicios, de tecnología, de productos...). La vida de los pobres consultores que asistimos a eventos sería mucho más divertida.


Y es una pena que yo no tenga más tiempo para hacer presentaciones divertidas, pero haré una convocatoria para mi próximo monólogo entre los seguidores de mi blog.

jueves, 16 de septiembre de 2010

¡Do-cu-men-ta-ción!

Corría el siglo V antes de Cristo (últimamente me remonto mucho en mis introducciones...) cuando el célebre Heráclito de Éfeso pronunció su frase más conocida:

"Todo fluye, nada permanece"

Este gran pensador griego seguramente no tendría ni idea de a dónde iba a llegar la informática. Seguramente, en aquellos tiempos más tranquilos y de vida más apaciguada (a ver si no cómo ibas a filosofar) la planificación de los proyectos arquitectónicos y demás no era demasiado problema por la económica mano de obra que eran los esclavos y todo tendía a ser bastante más inmutable de lo que es hoy en día (y si no echemos un ojo a esos vestigios arquitectónicos de más de dos milenios de edad).

El caso es que hoy en día se hacen muchos proyectos que son un éxito (y otros tantos que no lo son, pero nos quedaremos con los primeros): un éxito personal, un éxito del cliente, un éxito tecnológico... Pero siempre queda pendiente la documentación.

Esta labor normalmente tan ingrata para un técnico, especialmente si se hace de forma concienzuda, es especialmente importante en esos casos imponderables como:
- Que el técnico cambie de compañía (un drama)
- Que el técnico deje la profesión (un dramón)
- Que el técnico se muera (ni te cuento)
- Que al técnico le toque la lotería (que si no somos nosotros el técnico, nos caerá un marrón)

Estos hechos hacen que ciertos matices a tener en cuenta en los desarrollos pasen desapercibidos hasta el día en que suenan las alarmas porque no va. Y dependiendo de lo que no vaya, hay gabinete de crisis y collejas a mansalva.

En este momento, se recurre a la documentación. Una documentación que muchas veces está hecha a peso y que relata, más o menos, las funcionalidades y situación del proyecto en su final. Si el proyecto tiene evoluciones, en la mayoría de los casos se apremia para que funcione lo antes posible y la actualización de la documentación pasa a un segundo plano haciendo que en aquellos casos que decíamos antes nos encontremos ante una situación difícil de resolver.

Así pues, aboguemos todos por poder planificar la documentación y trabajar por tener menos problemas. A fin de cuentas si se paga un seguro muchas veces que no vas a utilizar, ¿por qué no pagar por una documentación que sí te interesa actualizar? ¿O acaso nunca os habéis encontrado en una situación así?

domingo, 12 de septiembre de 2010

El sentido arácnido dice...

Peter Parker tiene la fabulosa capacidad, aparte de ponerse unas mallas bien apretadas y de no pasar calor con ellas bajo la ropa (cosa que nunca he entendido de los superhéroes) de utilizar un sistema preemptivo instintivo que le permite detectar cuándo está en peligro instantes antes de estarlo, advirtiéndole de forma desatendida. Algo similar a una interrupción de hardware.

Hay ciertas personas que a partir de las pistas que da la vida son capaces de detectar (llámese intuición) ciertos comportamientos o circunstancias, no necesariamente malos.

Yo no soy quién para fardar de superhéroe (ni tengo un cuerpo atlético ni uso mallas bajo la ropa), pero sí que me identifico con el sentido arácnido de Spiderman y de ello pueden dar buena cuenta ciertos compañeros como el Dr. García-Calvillo.

Aunque mi sentido arácnido está más enfocado a 'cómo de enmarronado voy a estar o cuánto me va a odiar mi Outlook según todo lo que estoy gestionando y lo que me/nos va a venir' y en lugar de presentarse como un 'zumbido en la nariz' se me presenta como un cierto nerviosismo en el estómago, por lo que más que arácnido es estomacal.

Esto hace que en aquellos proyectos que gestione, de forma desatendida pueda sentir que nos estamos yendo de fechas incluso antes de comprobar fehacientemente que esto es así. ¿Deformación profesional? ¿Preparación específica del hardware? Váyase usted a saber.

El caso es que yo le doy bastante importancia para mi tranquilidad de espíritu (dentro de unos márgenes de cierta tolerancia, porque luego resulta que todo es para ayer, como siempre) y me permite utilizarlo como 'medicina preventiva' ante los posibles problemas.

De todas maneras, parafraseando al Dr. García-Calvillo, existe la 'medicina no preventiva' en forma de un mantra tan extendido como:

"Soy un junco hueco, me doblo pero no me parto".

Vegetales, patatas, arácnidos y temas gástricos aparte, seguiremos en la brecha.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

¡Datos, datos!

- ¡Es un Mitsubishi!
- No soy un Mitsubishi. Soy Johnny 5.

Aunque el currado animatrón que protagonizaba Cortocircuito y su secuela es, que yo recuerde, el único protagonista absolutamente mecanizado sin utilizar animación tridimensional (obviando a Chuache en Terminator...) lo que siempre me ha llamado la atención de este supuesto robot inteligente ha sido su curiosidad por aprender y procesar datos. Tal cual fuese una droga, Johnny 5 consumía libros en una época en la que Internet no se llevaba demasiado.

Si habéis visto Stealth, la amenaza invisible, hay una escena de la película en la que el protagonista se da cuenta de que el cerebro artificial del avión escucha música y se dirige al mecánico.
- ¿Escucha música?
- Sí
- ¿Qué tipo de música?
- Toda
- ¿Toda?
- Toda la de internet.

Aparte del hecho de que debía de tener una conexión bastante mejor que la de Ono y sus 50 Mb no sé yo si usaría el emule...

Por último, en el capítulo de Star Trek la nueva generación 'el día de Data' (no sé por qué narices me acuerdo de estas cosas) se hace un seguimiento de la actividad del androide durante uno de sus días y hay otra escena en la que un alférez entra en el despacho de Data, donde se encuentra trabajando.
- ¿Qué es ese ruido?
- Es música
- No, suena mucho ruido
- Es que escucho cuatro sinfonías a la vez.
- Vaya.
- Normalmente escucho ocho, pero es que estoy trabajando.

Con esto quiero decir que la ciencia ficción acostumbra a poner a los androides inteligentes 'buenos' como personajes muy curiosos (de curiosidad, no de seres extraordinarios, que también) con una prácticamente ilimitada capacidad de acceso y retención de datos.
Yo he leído en varias publicaciones serias y no serias que la capacidad del cerebro de una persona ronda los 10TB, que no está nada mal. He leído que en algunos casos es algo menor y en otros excepcionalmente mayor, pero 10TB para almacenar imágenes, sonidos, olores y sensaciones de toda una vida más la gestión intrínseca del cuerpo humano me parece suficiente.

A donde yo quería llegar (sí, siempre empiezo muy lejos de donde quiero llegar) es a que actualmente cada vez en los proyectos de BI se utiliza más información. Las máquinas lo permiten y podemos cargar gigas y gigas de datos para analizarlos y sacar conclusiones... O incluso para generar aún más datos.

Por el momento, el volumen de información que una persona analiza y trata es mucho menor a la capacidad supuesta del cerebro pero ¿qué pasará cuando tengamos bases de datos que almacenen Petas (medida no fumable) de información? ¿Cómo será capaz una persona de gestionar algo así? ¿Cómo se cuadrará una base de datos que ahora se le pide a una persona que cuadre alegremente?

Y lo más importante para resolver estos enigmas... ¿Cuándo soportará Excel un volumen de Petas? ;-)

martes, 7 de septiembre de 2010

To write or not to write, that's the question

Escribir artículos en un blog casi cada día, coger la rutina de prepararte un tema del que escribir algo medianamente interesante (aunque luego no repercuta en un número elevado de visitas) o no y poder decir que la mayoría de la gente que te lee tiene buena opinión de las tonterías de artículos que publicas en internet... No es de lo que quiero hablar.

Escribir cuentos o historias en tu tiempo libre... Tampoco.

De lo que quiero hablar es de lo que escribo. Y no me refiero al contenido, si no a la forma.

Una pregunta: ¿cuántos de vosotros escribís utilizando papel y bolígrafo (acepto cualquier utensilio similar, no obstante) todos los días?

En mi caso, desde que Microsoft inventó el OneNote las notas de las reuniones ya no son en una libreta. Quedan bien organizadas y archivadas en mi disco duro (con formatos y capacidad de búsqueda, cosa que está muy bien). Eso hace que lo que habitualmente hacía en papel y muchos días haya pasado a ser un hecho algo menos frecuente.
De hecho, si hago memoria, las últimas veces que he cogido un bolígrafo ha sido para hacer garabatos y pericotes mientras esperaba o hablaba por teléfono, no para apuntar cosas... En mi caso, creo que he conseguido que mi 'oficina' sea sin papel en un porcentaje muy alto de los casos gracias al portátil, el OneNote y la Blackberry.

¿Cuál es la cosa mala de la que me he dado cuenta? Pues que antes tenías las notas al lado del ordenador y era sencillo (depende de la letra de cada uno) de seguir cuando estabas desarrollando. Ahora, esas notas están en un área de tu pantalla que a veces es poco accesible o visible (por ejemplo como estos días, que trabajo directamente via Terminal Services a pantalla completa) y se le ocurre a uno enchufar un segundo monitor al que pueda trasladar ciertas aplicaciones para que estén disponibles a simple vista.

¿Qué conseguimos con esto? Que uno empiece a pensar para cuándo habrá un portátil con doble pantalla (no lo veo) o una pantalla portátil de bajo peso/consumo (tampoco lo veo) o una libreta que se pueda enchufar via usb al portátil (tampoco me parece a mí que vaya a encontrar un gadget así...)

Eso sí, si alguno de vosotros encuentra alguno, avisadm.
Y si en lugar de encontrarlos los inventa, quiero una parte de royalties.

sábado, 4 de septiembre de 2010

50 millones de baudios

Cuando yo iba a la Universidad y atendía pacientemente a mi asignatura de Redes, el profesor de turno que mantendré en el anonimato (por respeto y por mi falta de memoria) soltó una de las máximas que recordaré siempre y que la historia se ha encargado de dejar en evidencia:

"Como la línea telefónica tiene unas capacidades físicas determinadas por la capacidad del cobre para cargarse y descargarse eléctricamente, el número de modulaciones entre estados de voltaje alto y de voltaje bajo está limitado por las características del metal. Con esto quiero deciros que la línea telefónica de cobre nunca permitirá una velocidad superior a los 54 Kbps. El futuro es la fibra óptica."

Como podéis comprobar, la mayoría de los que nos conectamos a internet hace tiempo que lo hacemos a velocidades altas (es un decir) que en algunos casos llegan a los 20 Mb nominales... Y por un cable de cobre estándar del año catapún. Mi profesor metió la pata hasta la ingle y más allá con las capacidades de modulación de la señal y con la sensibilidad eléctrica de los aparatos que utilizamos para conectarnos a internet, pero tenía claro que era mucho más óptimo una red de fibra óptica con unas capacidades de transmisión de datos espectacularmente más altas.

Pues bien, aparte de las últimas polémicas por los globos sonda de Telefónica, Vodafone y compañía por la limitación de las tarifas planas por volumen, Ono se saca de la manga una conexión a internet de 50 Mb con fibra óptica y router wifi por un precio módico. La velocidad de conexión es espectacular, no cabe duda, pero volvemos a encontrarnos con las limitaciones físicas de los medios que anunciaba mi profesor de redes.
Resulta que un router estándar con wifi clase G va a una velocidad máxima en condiciones óptimas de 56Mbps. Y eso en condiciones óptimas. Si a esas condiciones óptimas añades puertas, paredes, móviles y otros aparatos con emisiones hertzianas, la situación ya no es tan óptima.

Con un par de paredes por el medio, conseguir una velocidad de 2 MBps de transferencia neta (MegaBytes, que no MegaBits) entre dos ordenadores en red ya es un milagro. Y eso considerando que 2MBps corresponden con una conexión equivalente de 20Mbps aproximadamente.
Entonces, ¿en cuánto se quedará la transferencia wifi de esos 50Mbps? La lógica dice que en las condiciones anteriores se quedará en 2MBps, desperdiciando alegremente 30Mbps de conexión.

Esto viene a ser algo así como:
- ¿Qué, te gusta mi superdeportivo de 500 CVs?
- No está mal
- ¿Cómo que no? De 0 a 100 en menos de 4 segundos, 300 km/h de velocidad máxima, mecanismos varios de control de trayectoria, suspensiones y demás...
- Chato, vamos detrás del autobús de la línea 37...

¿Para cuándo dice que lo quiere?

-... Y me pones el nuevo indicador aquí y un gráfico que cuando hagas click se transforme en una tarta y pite y entonces mande un mail que advierta al responsable del indicador del comentario que le dejas en el cuadro de mandos.
- Ajá. ¿Para cuándo dice que lo quiere?
- Pues para dentro de media hora,¿no?. Que con ese programa que usas tú de pinta y colorea se hace todo muy fácil... O eso dices.
- Hombre, muy fácil muy fácil tampoco, que eso es llevar a la herramienta al límite.
- Bueno, pues para eso hemos pagado una pasta por ella, que por lo que vale la herramienta me cambio el Mercedes, leñe, y con lo que me cuestas tú por jornada me da para los extras. Venga, no te andes con remilgos y para esta tarde me dices algo.

En los proyectos de Business Intelligence, especialmente en aquellos en los que hay un frontend amigable para el usuario, se tiende a banalizar lo que cuesta adaptar este frontend a ciertas funcionalidades o necesidades de información. Hay una estadística bastante sensata que dice que en un proyecto de BI el 80% del tiempo del proyecto está destinado a procesos de datos (ETLs, comprobaciones, modelados de bases de datos, cargas, etc) mientras que lo restante obedece más a temas de presentación y cosméticos.

La culpa a veces es de los propios consultores, que tendemos a menospreciar lo que cuesta hacer ciertas cosas y luego tenemos que tragar con los comentarios malacostumbrados de aquellos a los que malacostumbramos:
- Mira, ponerte un indicador nuevo es muy complicado porque tenemos que coger el origen, pasarlo por el limpiador de datos, cargarlo integrado en nuestro datawarehouse y hacer el proceso de carga del cubo.
- Vaya, pues sí que cuesta. ¿Eso en tiempo cuánto es?
- Échale al menos una semana de trabajo.
- Ahm... ¿Y luego una vez esté en el cubo ese qué cuesta meterlo en el cuadro de mandos?
- Bah, eso se hace en 10 minutos. ¿No ves que la herramienta está preparada para ello?

Y claro, luego pasa lo que pasa y el usuario que ha estado inmerso en el desarrollo del proyecto es consciente de lo que cuestan las cosas... Pero el que simplemente usa el frontend ve que para que le salga una opción nueva en su desplegable de indicadores pasan varios días.

Bueno, dejaré el blog un rato y veré si puedo solucionar una de esas peticiones semihorarias (de media hora) a las que me he comprometido sin ser consciente de ello.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Plus de peligrosidad

Cuando uno es pequeño sus padres le animan a estudiar diciéndole que le servirá para ser un hombre de provecho cuando sea mayor (porque si en lugar de estudiar te dedicas a bañarte en aceite y especias serás un hombre en escabeche...)
Tras la tierna EGB rebautizada como Educación Primaria actualmente, uno se enfrentaba al BUP, al COU y a la Universidad para, tras haber estudiado durante 20 años, entrar en el flamante mercado laboral y convertirse en becario o mileurista. Pero bueno, esa es otra cosa.
El caso es que uno asumía que cuando acabase la carrera o la carrera acabase con él no tendría que estudiar nunca más.
Luego se pusieron de moda los másters, los postgrados, los cursos de reciclaje y otras aficiones para 'crecer profesionalmente'.
En el mundo de la informática en general y de la consultoría en particular desde que empiezas hasta que acabas tienes que ir reciclándote técnicamente con cursos y autoformaciones para ser el mejor de los mejores. Esto supone estar mucho tiempo estudiando, algo que no pensabas que ibas a hacer después de salir de la universidad. Y eso supone un desgaste neuronal importante que con el paso de los años te das cuenta que no puedes mantener porque aunque el saber no ocupa lugar acaba matando neuronas y cuando ya hay de por sí pocas, la cosa se pone fea.
La noticia que adorna este artículo aparte de triste por el hecho en sí es muy triste como forma de morir:
- ¿Y de qué ha muerto?
- Estaba estudiando y tuvo un overflow... Y se quedó halted.
- ¿Lo del ataúd azul es por algo en particular?
- Era su color favorito... Es un homenaje.

... pero no deja de indicar que hay un grupo profesional (bueno, más de uno) que abusa de forma continuada de sus capacidades neuronales. Se hacen muchos cursos de ergonomía en el trabajo y tal y cual pero nunca he visto ningún tipo de curso para mantener la salud cerebral (que no ya mental, tema aparte donde lo haya).
Así pues, ¿debemos los informáticos pedir un plus de peligrosidad derivado de las exigencias formativas del mercado por posibles daños cerebrales? ¿Con qué cara se le pide esto a un jefe sin parecerse a Rocky Balboa? ¿O la última opción es la que tantas veces me gusta sacar a relucir?:
- Voy a montar una granja de cerdos
- ¿Y eso?
- Porque el año que viene el cerdo seguirá siendo cerdo. No será cerdo 2.0 Release 3 y habrá que migrar.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

La próxima generación

Este agosto, tras volver de vacaciones y aprovechar una semana un poco tonta pude cumplir una de las cosas que siempre me había pedido mi hijo: que le llevara al lugar donde trabajo.
Como consultor trabajas donde puedes, pero en aquel momento tenía disponibilidad para llevarle a la oficina en un viernes tan tonto como el resto de la semana.
El caso es que en un determinado momento con el Dr. García-Calvillo y Mr. Vargas le preguntaron:

- ¿Y tú cuando seas mayor serás informático como tu padre?

A lo que él, con una sinceridad infantil pasmosa nos dejó a cuadros con la respuesta:
- No, que mi madre no me deja.

Aparte del hecho de que mi mujer considere que la vida de consultor es bastante dura a nivel personal (cosa con la que coincido) y de las risas generalizadas ante la respuesta de mi hijo, esto me hizo plantearme cómo debería ser la informática para cuando él pudiese dedicarse profesionalmente.

El caso es que para el 2025, que es una buena fecha para acabar una carrera (aunque no sé si será de programador de videojuegos o de analista holográfico) no soy capaz de imaginarme cómo será la informática y si realmente las figuras de los consultores tendrán sentido o hablaremos ya de un entorno mucho más especializado en que los ordenadores serán muy parecidos conceptualmente a una televisión (hoy en día nadie se plantea tunear una TV más allá de la sintonización de los canales). De hecho, Android como sistema operativo ya plantea esa opción.

Por lo tanto, si la vocación informática finalmente es hereditaria, no sé si para el 2025 seguiré teniendo trabajo de informático (espero que la ONLAE lo evite), mis pasos me habrán llevado a otros entornos menos informatizados como la cría del percebe o finalmente mi mujer me tirará los trastos a la cabeza por haber llevado al lado oscuro a mi churumbel.