lunes, 30 de agosto de 2010

En el AVE

Una de las cosas que te encuentras cuando firmas tu contrato en una consultora es una cláusula que dice algo así como 'disponibilidad geográfica total'.
Eso supone que si una empresa de amiguetes de un pueblecito del Pirineo consigue un proyecto en Burkina Faso (deformación geográfica estándar de mi jefe), podría enviar a alguno de sus acólitos a realizarlo sin más problema que pagarle las dietas pertinentes.
Hoy en día la verdad es que esto ha cambiado bastante y ya suele preguntarse por la disponibilidad ante la posibilidad de realizar viajes o desplazamientos (se entiende que puntuales o por periodos cortos) y entonces encontramos a dos tipos claros de consultores: los que viajan y los que no.
No sé qué extraña circunstancia hace que haya personas que tengan la tarjeta VIP del AVE (o la de Iberia, o la de Spanair...) mientras otros se conforman con una tarjeta T-10 de una zona. No me estoy quejando ni nada por el estilo: yo viajo porque tengo que viajar y desde siempre he tenido que hacerlo si hacía falta.
Pues bien, uno de los principales cambios que ha habido en lo que a transportes se refiere para conectar Barcelona y Madrid (el viaje de negocios por excelencia) ha sido la presencia del AVE. Aparte del hecho de que pueda cogerlo en Tarragona (cosa que prefiero a tener que desplazarme al Prat), sólo hace falta que estés 5 minutos antes de que salga y no tienes que desnudarte para pasar el control. Aparte, mirado fríamente, no hay tanta diferencia de tiempo con el avión y personalmente me parece mucho más cómodo (nada que ver el avión con los sillones del AVE), tienes cobertura durante el 95% del trayecto y puedes usar el portátil.
Y aquí es donde quería llegar: en el avión no trabajas. En el AVE sí. Hasta hace poco, sólo trabajabas un rato porque el portátil no te aguantaba un trayecto de 3 horas. La semana pasada mi portátil fabuloso me aguantó más de 3 horas funcionando intensamente (bueno, era una partida de Empire Earth, pero procesar procesaba a toda pastilla porque me pegó una paliza...) lo que hace que finalmente no tengas excusa para trabajar... Si se quiere.

miércoles, 25 de agosto de 2010

OSBI (1)

Aunque el título de este artículo sea un homófono de la expresión referida a que pude veros se refiere al conjunto de software Open Source de Business Intelligence.

Yo soy un firme defensor de esta oportunidad que se le brinda a algunos clientes de poder reducir sus costes de adquisición y mantenimiento de licencias, pero creo que en algunos casos no queda claro cuándo usar las herramientas Open Source y cuándo usar las propietarias.

Hagamos un símil automovilístico:

- Buenos días, estaba interesado en comprar ese superdeportivo rojo de 500 caballos del escaparate.
- Por supuesto, firme aquí y aquí.
- Bueno, antes de firmar me gustaría conocer un poco el vehículo.
- Faltaría más, estamos aquí para vender. Se trata de un superdeportivo de 500 caballos, con todo lo que eso significa. ¿Usted para qué lo querría?
- Bueno, básicamente para ir a buscar a los niños al colegio y hacer la compra. En ocasiones, para llevar al perro al veterinario.
- ¿No se plantea comprobar si un radar puede hacerle una foto a 250 km/h?
- Pues más bien no. Yendo en carreteras secundarias no tengo necesidad de correr a más de 80 km/h. ¿Y esto cómo se llama?
- Bueno, pues son 100.000 euros de compra, más el 22% de mantenimiento anual.
- ¿Y eso qué es?
- Pues que cada año le cobraremos 22.000 euros para que usted pueda acceder, sin coste, al ultimísimo modelo de la marca así como solucionar todos los inconvenientes que le dé el vehículo derivados de una mala fabricación. Pero si se queda con su vehículo porque le ha puesto fundas de ganchillo a los asientos se lo cobraremos igual.
- O sea, que si lo rayo es cosa mía.
- En efecto. En tal caso, nuestro taller de chapa y pintura le ofrece a un coste excepcional la posibilidad de arreglarlo.
- No sé, me parece un poco caro.
- Pero por favor, si va usted a ser la envidia de sus vecinos y colegas. Además, aunque hoy sólo lo quiera para ir a la compra en el futuro usted puede necesitar ir a la compra más rápido, así que es una opción muy válida. Además, es un modelo de mucha exclusividad.
- ¿Y si se me estropease? ¿O si le quiero incorporar alguna mejora de funcionamiento?
- Bueno, la verdad es que nuestra red de talleres concertados es bastante amplia, aunque no todos son de excepcional calidad. Para asegurar, debería tratar sólo con los concesionarios oficiales.
- Tengo que pensarlo.

Llegados a este punto, el flamante comprador se plantea la posibilidad de ir a un concesionario más acorde con sus necesidades. Pero eso ya lo veremos en otro artículo.

martes, 24 de agosto de 2010

Cai prisa, cai prisa


-Hola, mira te llamaba porque resulta que nos hemos comprometido con un cliente a realizar un proyecto que empieza ya mismo con una tecnología de la que no tenemos ningún recurso actualmente y necesitaríamos para ayer tres o cuatro recursos que conozcan esa tecnología y tengan experiencia suficiente para llevarlo a cabo.
- Bueno, espera, abriré el cajón de los recursos y a ver qué encuentro. Oh, mira, si resulta que tengo no tres o cuatro, sino 10 recursos disponibles esperando a ser llamados al frente de batalla. Es que los tenía mirando al techo.
- Excelente. ¿Por cuánto me los dejas?
- Bueno, teniendo en cuenta la urgencia, lo corto de la colaboración y otras consideraciones relacionadas con el eslogan de L'Oreal, vamos a decir que 800€ jornada (ver artículo anterior). Son cosa fina, personas capaces.
- Bueno, no puede ser esa tarifa porque esa es la que cobramos nosotros al cliente. Como mucho podemos llegar a 250€ y eso estirando mucho.
- Es que por ese precio sólo puedo ofrecerte unos trozos de carne con ojos que si les cierras la boca y les das un pañuelo no te mancharán el suelo de babas.
- Bueno, mientras los tenga mañana no hay problema. Eso sí, ve buscándome a alguien que entre en esa tarifa y que sea capaz de sacar adelante el proyecto... O por lo menos de recoger las babas.

Tras esta dialogada introducción no tan lejos de la realidad como podría pensarse, uno tiende a preguntarse en qué momento la oportunidad magnífica de cobrar 800€ por jornada a un cliente y realizar un proyecto de éxito se transforma en un proyecto destinado al fracaso y con una relación calidad/precio nefasta.
La codicia, porque no tiene otro nombre, de ciertas consultoras les lleva a prometer aquello que no pueden cumplir a los clientes a cambio de unos márgenes cercanos a la usura para acabar hastiando y hartando a una compañía que sólo quería mejorar sus sistemas con la ayuda de una supuesta consultora de prestigio.
Y por el camino, desde una posición comercial predominante, obligan a empresas más pequeñas a sacarles las castañas del fuego. Porque claro, la conversación de antes tiene una segunda parte:

- Oye, que vuelvo a ser yo.
- Ah, perfecto. Mira, que he realizado un proceso de selección y ya tengo los babosos... digo, los recursos que me pediste a la tarifa acordada. Me ha costado, pero lo he conseguido.
- Muy bien.
- ¿Cuándo te los envío?
- Bueno, mira, es que me los han ofrecido mejores que los tuyos a 200€. Si me igualas la tarifa te los cojo. Si no, como tenemos tan poco margen económico, me veré obligado a cogérselos a otro proveedor. Piénsatelo y me dices algo.

Y con esta segunda parte se establece una vuelta de tuerca más. El proveedor se encuentra entonces con el dilema de si aceptar la tarifa ridícula que le propone el Prime Contractor o intentar recolocar unos recursos que pueden sangrarle la cuenta de explotación lo más rápido que pueda. Visto lo visto, se suele optar por la primera opción.

Pero aún hay una tercera parte de la conversación:
- Hola de nuevo.
- Mira, lo he pensado y acepto, te ofrezco los cuatro recursos por 200€ por jornada.
- Pues ahora que sacas el tema, es que al final hemos decidido que para que sean trozos de carne con ojos pues ya los ponemos nosotros y así también nos sale más barato, que luego hay que justificar gastos y la tarifa del cliente no nos llega para tanto. Si necesito otro día recursos ya te lo haré saber. Hala, no te canses.

Entonces, llegado este momento, el proveedor se encuentra con cuatro recursos que seguramente no pueda recolocar rápidamente por malas prácticas del Prime Contractor mientras éste obtiene unos márgenes superiores al 80%... Y aquí no entro en el tema de mitigar el paro español.

Todo esto lleva a la conclusión de que hay que actuar con mucha cautela, pero también hay que ser ágiles cual ladrón de juego de rol, haciendo de los procesos de selección un arte reservado a unos pocos. Pero de esos procesos ya hablaremos en otro artículo.

lunes, 23 de agosto de 2010

100.000 euros, oiga

Hoy me siento inspirado para dar una clase de matemáticas sencillas de forma fabulosa (es decir, mediante una fábula, no quiere decir que yo sea un matemático de pro).

El otro día estuve haciendo números (como todos) por temas hipotecarios y tras acordarme amargamente de la progenitora del euro, de los parientes fallecidos del bienamado euríbor y del día en que se me ocurrió firmar la hipoteca con los vampir... quicir, con el banco que me dio un suelo del 3% para que acompañara al embaldosado de mi casa imaginé lo que sería ganar 100.000 euros (brutos) al año.

¡Wow (que no World of Warcraft)! ¡Qué gozada! Resulta que, según el excel que bajé de la AEAT para calcular nóminas estamos hablando de 5.200 leuritos netos al mes, que hay meses que no los cobro (léase la ironía).

El tema es que, como uno es como es, se plantea ¿y qué renarices tengo que hacer para conseguir tamaña felicidad para mi cuenta corriente hospedada en casa de los vampir... quicir, en mi bienamado banco?.
Pues resulta que para plantearme algo así y teniendo en cuenta los márgenes habituales con los que se trabaja en consultoría, tendría que producir como 170.000€ al año, lo que supone casi 15.500€ al mes (contando 11 meses, que uno tendrá que tener tiempo para fundirse esa past... quicir, para descansar y recuperarse del esfuerzo) o lo que es lo mismo, casi 800€ por jornada.

Hoy en día, que una empresa como la mía le plantee a un cliente del área de Barcelona que le va a cobrar 800€ por jornada todos los días del mes, haciendo uso del conocido slogan de L'oreal e independientemente de los resultados, 'por que yo lo valgo' es el motivo perfecto para que se organice una buena sesión de carcajadas.

- ¿Cuánto dice que quiere cobrarnos por día?
- Vamos a decir algo testimonial... No sé, ¿800 euros?.
- ¿Pero en negro?
- No, hombre, a eso hay que sumarle el 18% de IVA
- Pues me temo que me he quedado sin vaselina. ¿Por qué no va a la farmacia y ya que está allí aprovecha y se queda?

Así que viendo el panorama, he decidido cambiar de siglas y, aunque mis jefes reconocen mi labor (cosa que es de agradecer, todo sea dicho), voy a pasar de la AEAT a la ONLAE, que me puede asegurar ya no 6 cifras sino incluso 7... Y sin conservantes artificiales.

jueves, 19 de agosto de 2010

Via Blackberry

Aquellos de vosotros que me tengáis en vuestro messenger os habréis percatado que últimamente aparezco con cierta frecuencia con el mensaje 'Via Blackberry'. Y esto es debido a que me he instalado el messenger en el susodicho aparatito para estar, si cabe, aún más localizable.

No voy a entrar en discusiones acerca de si mi Blackberry es mejor o peor que un iPhone, un Android o un Windows Phone dado que para ello ya hay otros foros mejores y tampoco me creo en posesión de la verdad (para esto, para otras cosas sí).

La verdad es que la elección de este aparatito como sustituto de mi anterior HTC TyTN (con el que he tenido escenas de amor, de odio y de indiferencia durante tres años) se debió a la practicidad. El cacharrín debía cumplir las siguientes especificaciones:
- Teclado qwerty completo a ser posible no deslizante
- Posibilidad de ser usado con sólo una mano de forma fácil sin stylus
- Sincronización directa con Outlook

Ya veis, mi elección ha sido muy ergonómica, pero la verdad es que estoy gratamente sorprendido por la Bold 9700 en cuanto a usabilidad y conectividad. No es la mejor plataforma de aplicaciones (con mi TyTN disponía de aplicaciones muy interesantes que no tienen un sinónimo claro en BB) ni de juegos (para eso también tengo mi PSP, que es mucho más ergonómica) ni multimedia, pero me permite poder escribir un mail mientras camino o utilizar el messenger mientras... Bueno, en el lavabo.

¿A qué me lleva esto que os cuento? Pues me lleva a que este aparato hace que un porcentaje muy alto del tiempo que antes no estaba conectado ahora sí lo esté. Me ofrece flexibilidad a la par que acostumbra malamente a ciertos conocidos. Y me temo que no soy el único que se encuentra en esta coyuntura. Si aprovechas el potencial de un smartphone casi puedes prescindir de un ordenador de sobremesa (guardando las distancias) y ser efectivo cuando no estás en la oficina o en un lugar donde puedas desenfundar el flamante portátil.

En contrapartida, tienes la sensación de que siempre está pitando por una cosa o por otra (¡Plin! Mensaje (y con nuestro fabuloso servicio de correo antispam ni os cuento), ¡Tirurí! Sms, ¡Goooong! Cita, ¡Blip-blip! Messenger...) y que cuando vas al baño en una mano tienes la blackberry y en la otra... Bueno, en la otra no.

En el futuro, cuando todos tengamos implantado un chip en la cabeza supongo que esta sensación aumentará y habrá gente que al apagar el chip se sentirá 'sola'.
La ventaja es que por lo menos podrás ir al baño y usar las dos manos.

miércoles, 18 de agosto de 2010

La regla laboral

Sum-sum-susum-sum-sum-sum-sum-sum-susum!!!
Uiii!

La verdad es que siempre que alguien menta el tema del periodo femenino me viene a la cabeza esa musicalmente discutible composición que adornaba aquel anuncio de Ausonia y que daba pie al comienzo de aquella gran filosofía también discutible de que la regla es lo mejor que le puede pasar a una mujer copiada posteriormente por todos y cada uno de los anuncios de higiene íntima femenina.

Pero hoy no quiero hablar de la regla femenina... O por lo menos no del periodo menstrual. Hoy quiero hablar de la regla laboral, que es la única que, como representante del género masculino, puedo tener.

Entiendo por regla laboral cuando te encuentras en 'esos días del mes' en que todo es una miércoles, no te apetece ir a trabajar, odias a tu jefe, odias a la renfe, odias a tus compañeros, tu ordenador te cae mal y los clientes ni te cuento. Y por si fuera poco, aún tienes que trabajar.

En 'esos días del mes' sueles tener pensamientos del tipo:
- No voy a hacer esto toda mi vida
- Estoy harto de ser el único que se come los marrones de la empresa
- No doy más
- Mi outlook me odia

Y el mejor de todos:
- Qué harto que estoy de tener que trabajar.

Pero lamentablemente, si ONLAE no lo remedia, hay que seguir trabajando. Y si la regla laboral se alarga puede desembocar (que no quiere decir que se le quite la boca a uno) en algo que se llama Burnout Syndrome o Síndrome del quemado.

Creo que todos tenemos la regla laboral algunos días al mes... Y después de venir de vacaciones ni os cuento. A mí me parece que es algo bueno de tener. Nos hace conscientes de que no estamos tan bien como debiéramos y, de forma instintiva, nos fuerza a mejorar, a tomar las decisiones adecuadas para mejorar esa situación.

En mi caso debo decir que siempre que he cambiado de empresa ha sido en un periodo de regla laboral... O más bien entre periodos de la misma (no cambio de empresa tan alegremente). Actualmente me considero bien pagado y bien considerado, pero eso no quita que las cosas vayan siempre rodadas y siempre se pueda mejorar la calidad de vida de uno. Pero en la consultoría, tratar de vivir como un marajá es algo que sólo está reservado para unos pocos.

Así que, dado que el margen de mejora de mi situación laboral (conseguir que mi outlook no me odie y que mi jefe me suba el sueldo (hola, excelso y bienamado jefe)) tampoco lo exijo, voy a iniciar mi particular batalla contra la renfe para que mi viaje diario de casa a la oficina me lleve un poco menos y permita que pase algo menos de 12-14 horas al día fuera de casa, labor más que difícil también.

Seguiremos informando.

Back in Black

Corría el año 1980 y el que escribe tenía 3 añitos cuando la mejor banda de rock de la historia lanzó el que creo que es su mejor disco. AC/DC lanzaba Back in Black.

La expresión Back in Black se refiere a ese curioso momento en el mundo bancario en que una cuenta corriente deja de estar en números rojos (vuelven a ser negros). Por extensión, esta expresión se refiere a la 'vuelta a la normalidad' de las cosas.

Y eso es lo que ha pasado con mi blog. Después de muuuuuucho tiempo en que he estado ausente por diversos motivos (entre ellos la terrible pereza y apatía que me vienen invadiendo últimamente en lo que a lo laboral se refiere) creo que es ahora un buen momento para volver a dotar de contenido este blog que no sé si lee alguien aparte de mí mismo y de algún otro colgado.
Dado que mi contador de visitas caducó (hala, lo que me faltaba. Seguro que fue por falta de mantenimiento) no llevo muy claro cuál es mi público, por lo que he dotado de una pequeña encuesta a la página.

Bueno, esta entrada no es más que un anuncio de que, rememorando otra canción y no precisamente de los AC/DC sino de los Bee Gees sigo 'stayin' alive'.

Buenas vacaciones a aquellos que las tengan.